Elegías

Horacio Fiebelkorn

El título es un señuelo. Para algunos poetas nacidos en los sesenta, no hay nada más odioso que la elegía y el aura de lo elegíaco como comprensivo de “lo poético”. Para otros, es el abracadabra de una restauración que haría por fin la feria de la poesía sincrónica con su hojarasca. Fiebelkorn convoca los odios y amores de unos y otros para dejarlos plantados. En cuarenta y tres poemas que van de la condensación imagista a una expansión narrativa siempre subordinada a una dominante lírica, con un léxico medio, una adjetivación rala y una sintaxis elegante por oponerse en cada opción a la posibilidad de manierismo, demuestra que lo elegíaco no es su género ni su ideal, sino su tema. Porque se trata de cómo capta y cómo ha captado lo que aún se llama poesía el paso del tiempo. Pregunta que se duplica reflexivamente: en el yo que escribe un yo cuya obsesión es el paso del tiempo, y en cómo ese paso va dejando palabras magnetizadas que refieren a vestigios sonoros o visuales que a su vez conforman esa novela universal distinta para cada uno: “el paso del tiempo”. El mayor logro del autor es haberse mostrado equidistante de un intelectualismo pedregoso y de su opuesto, la poesía confesional o autobiográfica. “No hay ideas salvo en las cosas”, para decirlo por millonésima vez. Y al mismo tiempo, cierta voluntad de abstracción no deja lugar a la identificación con ningún muñequito egótico; el efecto del libro es, por el contrario, universalizante. Como la mayoría de los títulos destacados de la promoción del noventa, Elegías es un libro de poesía extranjera en argentino que efectúa su traducción de manera tal que no se notan las costuras.
Alejandro Rubio

Tapa de Elegías

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