Hombre sentado ahí

Martín Armada

Hombre sentado ahí, de Martín Armada (Buenos Aires, 1979) es un libro breve, compuesto por dieciocho poemas cortos que podrían leerse aislados, separados, dotados de todo el sentido, y, también, es una secuencia de poemas que entre sí construyen un relato. “Cierro los ojos y camino por la casa” dice el primer verso, iniciando el viaje que desata un recorrido a ciegas, táctil, que se compone de una afectividad hacia las cosas y de un reconocimiento del territorio cotidiano como el de una conquista. Concluye ese primer poema: “No hay que avergonzarse de amar las cosas, / los hombres libres deben sentir orgullo de lo que necesitan.” Una afectividad no afectada, una afectividad como la de quien mira las cosas después de la fiesta, a la mañana, cuando hay que recogerlas, lavarlas y colocarlas de nuevo en la cadena de montaje productivo de la vida ordinaria. “Acariciás las naranjas antes de exprimirlas, / olés almohadas y servilletas de tela, / estás llena de un cariño sin dirección.” ¡Mete la palabra “cariño” y el poema no se ñoñea nunca!

En el último poema es todo tierra y mar, no tierra y libertad, es tierra y mar porque es pertenencia en el límite. Dice: “Todo lo que llené fue para honrar el mar / que nos trajo y que golpea la tierra / muy lejos de mi casa.” Lo que empieza con los ojos cerrados, acaba con los ojos abiertos frente a las inmensidades, que es, también, un modo de tenerlos cerrados.

Martín Rodríguez

Tapa de Hombre sentado ahí

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